Hace no tantos años, de jóvenes adolescentes muchos de nosotros soñábamos con ser artistas, tal y como le sucedía a Concha Velasco en la obra de teatro “¡Mamá, quiero ser artista!” de Juan José de Arteche que se estrenó a mediados de los ‘80s en el Teatro Calderón de Madrid. Tan arraigada estaba esta idea y tan exitosa fue la obra y la crítica que, pocos años más tarde a finales de 1989, la misma obra pasaba al cine a manos de Fernando Navarrete y Pepa Martí Maqueda (¡Mamá, quiero ser artista! [1989]).

Sin embargo, en el siglo XXI las cosas han cambiado significativamente: por un lado, la percepción del artista se ha ampliado al “famoso o celebrity” y nos resulta en cierto modo extraña aquella acepción de la RAE que aludía al artista comediante (“3. m. y f. Persona que actúa profesionalmente en un espectáculo teatral, cinematográfico, circense, etc., interpretando ante el público”) y más aún las referentes a las bellas artes o los artesanos.

Por otro lado, hay que resaltar que durante la crisis en España se detectó un descenso significativo del volumen de negocio en el sector de las artes escénicas (datos del Inventario de Operaciones Estadísticas de la Administración del Estado), aunque afortunadamente en 2016 las cifras mejoraron notablemente y el número de compañías teatrales subió un 2,8%, al igual que las de danza que crecieron un 3,8% respecto a 2015.

Inventario de Operaciones Estadísticas de la Administración del Estado

Y es que las vedettes prácticamente ya no existen y los jóvenes ya no quieren ser artistas sino influencers. ¿Pero qué es un influencer y cuál es la clave para tener éxito en los nuevos medios sociales?

Son muchas las definiciones que podemos encontrar del término anglosajón “influencer”. Pero un influencer no es ni más ni menos que un individuo relevante en un área determinada y que con su opinión/comentarios es capaz de influenciar los pensamientos, acciones y decisiones de aquellos presentes en su círculo de acción. Existen tantos canales como medios sociales dando lugar a Youtubers, Tuiteros, Instagramers, Abejas, Blogueros, etc.

Así pues, en la era digital se ha puesto de moda el empleo de influencers como representantes de marca ya que se trata de una acción de marketing muy efectiva porque que el influencer es un individuo ajeno a dicha marca y que, en condiciones normales, habla bien o mal de un producto/marca por convencimiento propio. Esto proyecta credibilidad antes sus seguidores y le convierte en una voz externa objetiva y neutral.

Sin embargo, llegar a ser un influencer de prestigio no está exento de gran esfuerzo y dedicación, además de numerosas virtudes. Un influencer debe tener ante todo carisma, altas dotes comunicativas interpersonales y amplio conocimiento sobre los temas de los que habla y que le convierten en una persona de referencia en un área en concreto; Debe ser transparente, honesto, crítico y creíble para labrase una reputación digital por su expertise sobre temas específicos, llegando a convertirse en voz de referencia en ese campo en concreto. Además, aunque pareciese de lo más obvio, un influencer debe tener encanto (cual encantador de serpientes) para encandilar a sus seguidores consiguiendo más y más notoriedad y protagonismo, que será lo que consiguientemente le permita a largo plazo mantener una buena posición en las redes.

En resumen, el influencer es a las redes sociales lo que los líderes de opinión son/eran a los medios convencionales pues es una figura que nace ligada a los social media y cuya notoriedad reside en la relevancia adquirida en las redes a través de una o varias redes sociales y/o blogs personales.

En cualquier caso, no todos los influencers son válidos para representar de alguna manera a una marca en concreto, y pese a que algunos expertos ya se han atrevido a establecer ciertas categorías o perfiles de influencers (PuroMarkting: “Las 10 tipologías y perfiles de influencers que deberías conocer”), es esencial investigar las posibles sinergias entre ambas partes para elegir el influencer más adecuado a los intereses y objetivos específicos de la marca. Para ello os recomiendo una lectura interesante que os ayudará a elegir mejor entre el abanico de influencers existentes: la guía “Trabajar con influencers publicada por ADECEC (Asociación de Empresas Consultoras en Relaciones Públicas y Comunicación) en junio de 2016.

Para finalizar, simplemente un consejo personal: a pesar de que el influencer es una herramienta más de marketing digital, nunca debemos cosificarle/a. Si queremos conseguir que un influencer hable bien de nuestra marca casi por decisión propia, hemos de cuidar al influencer elegido y hacer que se sienta libre para expresarse independientemente de cualquier tipo de incentivo que pudiera recibir (gran parte de los influencers no recibe honorarios directos/salario sino beneficios o compensaciones precisamente para mantener su imagen de neutralidad).

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